La inflación y la crisis económica empujan a más bolivianos hacia la pobreza
El impacto de la crisis económica y el incremento sostenido de los precios de los alimentos están modificando los hábitos de consumo de miles de familias bolivianas. La reducción en la compra de productos básicos, la disminución de porciones y la sustitución de alimentos más nutritivos por opciones más económicas forman parte de una realidad que afecta cada vez más a los hogares del país.
Según datos del Instituto Nacional de Estadística (INE), el 37,7% de la población boliviana vive en situación de pobreza. Sin embargo, un estudio presentado por la Fundación Jubileo estima que, al considerar el efecto de la inflación y el aumento del costo de vida, la pobreza podría alcanzar entre el 44% y el 47% de la población.
La analista de políticas públicas Carla Cordero señaló que estas estimaciones representan entre 5,5 y casi 6 millones de personas en situación de pobreza por ingresos. Asimismo, indicó que entre 800.000 y 1,2 millones de personas adicionales podrían estar atravesando esta situación sin estar reflejadas en las estadísticas oficiales.
El estudio también advierte que la línea oficial utilizada para medir la pobreza aumentó un 16% entre 2019 y 2024, mientras que el costo de los alimentos registró un incremento cercano al 30% durante el mismo periodo. Esta diferencia podría estar generando una subestimación de la cantidad real de personas afectadas.
La inseguridad alimentaria es otro de los aspectos que refleja el deterioro de las condiciones de vida. De acuerdo con los datos presentados, el 58,5% de los hogares manifestó temor de quedarse sin alimentos durante 2024. Además, el 42,8% reportó una alimentación menos saludable, el 29,3% afirmó haber reducido las porciones de comida y el 13,2% señaló haber sentido hambre sin poder alimentarse adecuadamente.
El director de Fundación Jubileo, Juan Carlos Núñez, afirmó que la crisis debe analizarse no solo desde indicadores económicos, sino también desde la capacidad de las personas para alimentarse, trabajar y sostener sus actividades cotidianas.
Por su parte, el ministro de Economía y Finanzas Públicas, José Gabriel Espinoza, reconoció que el mayor impacto de los conflictos recae sobre las familias bolivianas. La autoridad mencionó que productos de la canasta familiar, como el pollo y algunos alimentos hortícolas, registraron incrementos significativos en determinados mercados.
El informe también evidencia diferencias entre las áreas urbanas y rurales. El 59% de la población en situación de pobreza vive en ciudades, mientras que la pobreza extrema continúa concentrándose principalmente en las zonas rurales, donde se encuentra el 67% de las personas que enfrentan esta condición.
Otro aspecto destacado es la vulnerabilidad de la clase media. Según el estudio, el 59,1% de la población forma parte de este sector, pero enfrenta riesgos ante la inflación y la pérdida de ingresos. La investigación advierte que factores como el desempleo, una enfermedad o el aumento de precios pueden deteriorar rápidamente la economía de los hogares.
Los resultados reflejan que, además de reducir la pobreza, uno de los principales desafíos es evitar que más familias vulnerables caigan en esta situación en medio de un contexto marcado por la inflación, la informalidad laboral y la disminución del poder adquisitivo.
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