Gobiernos occidentales enfrentan altos costos por retención de superyates rusos confiscados
Desde el inicio de la guerra en Ucrania, varios superyates pertenecientes a oligarcas rusos fueron incautados por gobiernos occidentales como parte de las sanciones internacionales contra Rusia. Uno de ellos es el Phi, una lujosa embarcación de US$50 millones que permanece retenida en Londres desde hace más de tres años, sin haber completado ni siquiera su primer viaje.
El Phi, de 59 metros de eslora, debía surcar el Mediterráneo y el Caribe, pero quedó anclado en el muelle sur de Canary Wharf, en la capital británica. Su capitán, Guy Booth, lamenta su situación: “Aquí, en el corazón de Londres, no es donde quisiéramos estar”.
Este superyate es solo uno de más de una decena de embarcaciones rusas retenidas en distintos países. Aunque su confiscación fue una medida visible y simbólica para mostrar el rechazo a la invasión rusa, expertos como Tom Keatinge, del Royal United Services Institute, advierten que las consecuencias han sido más problemáticas de lo previsto. Las autoridades se enfrentan a enormes gastos de mantenimiento y litigios legales complejos.
Mientras tanto, estos yates continúan acumulando costos para los gobiernos responsables de su custodia, sin que hasta ahora se haya logrado un avance sustancial desde la perspectiva de la presión militar o política sobre Rusia.
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